Clara y Juan: un amor imposible en la aljama de Cobeña

La página web del Ayuntamiento de Cobeña menciona la importancia que tuvo la judería de Cobeña hasta la expulsión de los judíos en 1492.

Hoy vamos a contar la historia de un amor imposible entre dos cobeñeros que comenzó hacia 1480. La conocemos porque ella era judía y él era un cristiano nuevo, un converso, un judío que se había convertido al cristianismo.

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Miniatura de una hagadá española del siglo XIV. Fuente: Wikipedia

Los protagonistas de nuestra historia son Clara, esposa de Yuça Aseo, y Juan de Cobeña, hijo de Diego García, escribano al servicio del Conde de la Coruña (que era entonces Señor de Cobeña). Los dos vivieron en Cobeña a finales del siglo XV, poco antes de la expulsión de los judíos de España.

La historia la conocemos porque el amor de Juan por Clara le llevo, aparentemente, a renunciar a su fe cristiana y a volver a la religión de sus padres. Por desgracia para él, también le llevó ante la Inquisición, que le juzgó por judaizante.

Su expediente se conserva en el Archivo Histórico Nacional de Madrid, Sección Inquisición, leg. 140, núm. 3. La historia la ha contado Carlos Carrete Parrondo en su artículo “Cobeña, aljama castellana en los albores de la expulsión”, publicado en Proceedings of the Sixth World Congress of Jewish Studies, Jerusalén, 1975 Vol. II, pp. 61-71.

Según cuenta Carrete Parrondo, “El 9 de marzo de 1491 el fiscal del Santo Oficio presenta ante los inquisidores los siguientes cargos contra el acusado:”

Tuvo amores con una judía pariente suya, que muchas veces veces y en diversas maneras había comido sus manjares, y que una vez había dado aceite para la sinagoga y otra vez o dos ayunado…; había hecho un cuadernico de sus oraciones en aquel tiempo y que lo pudo tener en su poder dos o tres meses… y después de ver estaba mal, lo hizo pedazos y lo echó en un fuego.

Parece ser que tuvo un hijo con Clara, al consintió en convertir al cristianismo. Según confeso Juan de Cobeña, esos actos los había hecho con intención de contentar a aquella judía” y no por querer abandonar la fe católica.

Al parecer vivieron juntos en Cobeña, causando cierto escándalo entre la comunidad judía: no sólo Clara estaba ya para entonces casada, sino que además Juan, como converso, posiblemente fuera visto como un traidor por los judíos.

Clara se traslado a Alcalá de Henares con un hermano y con su madre pero Juan se unió a ellos en seguida pues el hermano le avisó de que el marido de Clara iba para allá con intención de poner una queja y degollarla.

El fiscal presentó varios testigos de Cobeña, todos judíos para corroborar los delitos de Juan de Cobeña:

Según Yuça Lunbroso dijo haber visto Juan en “casa de su tía, hermana de Diego Garcia [el padre de Juan], que era judía… y [el acusado] tenia un manto de judío vestido y un capirote puesto y decía: ‘¡bien parecía yo judío!'”

Judá Aseo, zapatero, contó que había visto al acusado en ocasiones dar a la madre del testigo “tres o cuatro maravedíes [para] que le trajese la carne de la carnicería de los judíos para que en casa lo guisase y el sábado se venia a comerlo” y que “daba para aceite a la sinagoga”.

Samuel Çerçenel contó también que Juan le había pedido que llevara aceite a la sinagoga de Cobeña y que “oyó decir que [Juan] tenia por manceba [amante] a Clara, mujer de Yuça Aseo”.

En este mismo sentido declararon otros vecinos judíos de Cobeña: Reyna, mujer de Judá Berina, Sentó Çerçenel, Çinha, mujer de don Jacob aben Çerbon, Reyna, mujer de don Naçan Aseo y Naçan Aseo, también zapatero. También declaró Clara, esposa de Jacob Barueron, vecinos de Alcalá de Henares.

Ante estos testimonios en su contra Juan de Cobeña hizo una nueva declaración sobre sus andanzas en los años anteriores contando como había tenido amores con su prima Clara, que era judía, durante cuatro o cinco años. Contó que había intentado convencerla para que se convirtiera al cristianismo, a lo que ella se negó. Finalmente dijo que había terminado su relación con ella cuando supo que, aunque se convirtiera, nunca podrían casarse por ser primos hermanos.

En su descargo afirmó también que los testimonios contra él no eran fiables porque eran todos los testigos enemigos suyos.

Carrete Parrondo narra así el final del juicio:

Examinados los cargos presentados por el fiscal y la defensa del acusado, el Tribunal, reunido en Toledo a 20 de abril de 1491, sentencia que Juan de Cobeña, culpable de herejía, apostasía y prácticas judaicas, ha de ser condenado a excomunión mayor, confiscación, pérdida de sus bienes y cárcel perpetua. Pero considerando el atenuante de que confesó
sus culpas “con alguna señal de contrición”, puede ser admitido a reconciliación, como así sucede seis años, después, en 1497, mediante el abono de 500 maravedíes a la Cámara Real.

Según este mismo autor, es muy posible que el origen de la denuncia estuviera en la propia comunidad judía de Cobeña. Posiblemente la familia de Clara no veía con buenos ojos que una relación extra-matrimonial con un converso traidor.

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